Por: Katia Za mora
En esta ocasión les voy a hablar sobre el teatro y lo que el
significa para mí, ya que es algo que generación en generación hemos ido
perdiendo, cada vez es menos la gente que va al teatro y también el apoyo que
existe para él; como modo de introducción empezare con un poco de historia y
posteriormente les hablare de lo que es estar entre telones.
Se dice que antes de que existiera el teatro, en Grecia se hacían las
fiestas Dionisiacas en honor a Dionisio, el Dios del vino, este les enseño a
cultivar las uvas y hacer vino con ellas, Dionisio moría cada invierno y
renacía en la primavera, por lo cual estas fiestas eran las más importantes en
Atenas y se celebraban en estas épocas.
Pisístrato era el jefe de gobierno en la ciudad de Atenas en el
año 534 a.C., el busco la manera de que más gente legara a celebrar las grandes
Dionisiacas, Pisístrato le pidió al poeta Tespis, director del coro del templo
de Dionisio, que inventara algo pata que estas celebraciones fueran más
atractivas, en estos rituales cantaban y bailaban 12 hombres que formaba un
coro, estos usaban mascaras que les cubrían toda la cara adornadas con cuernos
de cabras, por esto el público les llamaba “tragedias”, que viene de tragos que significa cuernos de cabra y
de odas que significa himnos. A Tespis
se le ocurrió salirse del coro y enfrentarlo para hacerse preguntas como ¿Por
qué no llovió mucho ese año? O ¿Por qué Dionisio renacía? Y con esto Tespis
invento lo que ahora conocemos como teatro, él fue el primer actor de la
historia que en su época eran llamados hipócritas, que viene de hypo que significa máscaras y krites que significa responder, es
decir los que respondían detrás de la máscara.
El enfrentamiento del hipócrita con el coro creaba un dialogo que
le gustó mucho al público ya que se creaba un mayor interés por las historias
que se contaban, a partir de entonces se decidió que se organizarían
concursos entre los poetas para que
escribieran sus historias y las pusieran en escena; y fue así que nació la
tragedia griega.
El hacer teatro tiene muchos beneficios a nivel personal y social:
individualmente obtenemos confianza en nosotros mismos, aprendemos a auto
conocernos, sube nuestro autoestima, aumenta la concentración, el control
corporal y la creatividad; a nivel social aumenta nuestra paciencia hacia los demás,
hay más comunicación, confianza en nuestros compañeros, tolerancia y nos enseña
a trabajar en equipo.
El teatro no es solo aprenderse unos diálogos o hacer un buen
papel, el teatro va más allá de eso, su misión es trasmitir a la gente un
mensaje, historias, lograr que el espectador viva la historia que se está representando.
He escuchado decir a varias personas que actuar es algo fácil pero no es así,
el actuar es sentir la historia, convertirte en el personaje, vivir en una “realidad”
que no es realmente cierta. Es un juego pero un juego realmente serio, sobre
todo con uno mismo, hay que saber cómo somos, lo que nos gusta y lo que no, lo
que podemos transmitir con nuestra voz, nuestros gestos y nuestro cuerpo.
El teatro es un lugar mágico, no hay mayor magia que arriba de un
escenario. Es el lugar donde los sapos se convierten en príncipes, los príncipes
en monstruos y los monstruos en las criaturas más bellas del mundo. Arriba del
escenario puedes viajar al pasado, al futuro e incluso a otro universo. Ahí
puedes ser quien quieras ser. Tu esencia sale a flote, te liberas y entras en
trance, te posesionas de lo que haces, intentas adueñarte de ese nuevo mundo
que vas creando con cada acción, cada palabra; recorres con la mirada el
paisaje dentro de tu cabeza, ejemplificas, interactúas, piensas, dices,
sientes, vives. Arriba del escenario vives la vida, una nueva vida, el
personaje, el mundo, y la otra vida, la de la persona común. Arriba del
escenario los sueños se hacen realidad; las realidades, sueños imposibles.
Te cambias, te maquillas, te peinas, miras el escenario, espías la
cantidad de gente que vino a verte a ti y a todos tus compañeros, buscas caras
conocidas para no mirar eses lugares, aunque sabes que después te vas a olvidar
del mundo, escuchas la música que indica que el momento más esperado ya llego,
ese por el que estuviste trabajando meses y meses, por el cual te esforzaste,
por el cual vas a dar todo.
Entonces entras a escena y te olvidas de todo, olvidas dónde
estaban las caras conocidas, las técnicas de actuación, la letra y las acciones
físicas, casi olvidas tu yo, te conviertes en el personaje, las palabras que
dices, las cosas que haces no son parte de algo pautado, no están en un
libreto, sino que salen de adentro tuyo, del personaje, tu eres quien está
arriba del escenario, tu eres quien dices ser, en un momento determinado,
sientes que es hora de terminar la historia, dices las últimas palabras, haces
la última acción.
Entonces se apagan las luces y vuelves a ser tú, el actor debajo
del escenario, sales a escuchar los aplausos, a saludar a la gente, te abrazas
con tus compañeros, escuchas que te felicitan por algo que sabes no salió de
ti, sino de más allá, de un lugar en el que tú no eres tú, sino un personaje,
alguien que vive, siente, sueña, piensa y habla.
Personalmente le debo al teatro muchas cosas. Le debo alegrías y
tristezas, peleas, desencuentros, encuentros, reencuentros, amores, desamores,
amistades y sobre todo una gran familia.
Esto es el teatro, esto es lo que vive un actor, la magia que se
siente sobre un escenario es impresionante, increíble; lo que se vive, lo que
se piensa, lo que se siente. El teatro es como un libro que en vez de leerlo,
se expresa con nuestras ideas, sentimientos y emociones, se cuenta a través de
la danza, el habla y la música: el teatro nos puede hacer reír, llorar y
emocionarnos. Esto es el teatro, esto es lo que significa estar “entre telones”.
Experiencia propia.


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